Hoy os voy a exponer mi pequeña, y posiblemente sin ninguna base científica, teoría sobre el mal hábito de madrugar que nos impone desde nuestra más tierna infancia esta sociedad en la que no nos queda más remedio que vivir.Viene a decir que los madrugones obligados por razones laborales o educacionales van en contra del ritmo natural del cuerpo humano. Este ritmo se ha formado en nuestro instinto desde lo más remoto de nuestra existencia, basado sobre todo en los periodos de luz diurna con el sol como base y los ciclos estacionales. Hoy en día es posible observarlo en su fase más básica en animales como las gallinas, que siguen a rajatabla el horario solar sin atender a otras razones. Luego venimos los humanos y las trastornamos con luz artificial para intensificar su producción. Cómo somos.
Mi teoría se basa en años de malas experiencias con el despertador, llegando a la conclusión que no importa el número de horas que se duerman sino el momento de despertarse. Puedes haber dormido doce horas seguidas pero si te levantas a las seis no te sentará bien, en cambio, puedes haber dormido sólo seis horas, pero si te levantas después de las nueve o diez de la mañana estarás mucho más descansado.Desde aquí propongo horarios flexibles de trabajo, teniendo en cuenta la estación del año y las necesidades del puesto de trabajo. Seguro que se aumentaba el rendimiento y no se perdían tantas horas bostezando como sudede hoy en día.






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