Detrás de un título correcto, pero que lleva al despiste, se esconde esta magnífica joya de la literatura. En apenas unas horas he dado cuenta de tan sabroso y delicado bocado. Parece mentira que en ciento treinta páginas puedan caber tantas historias, sentimientos y moralejas juntas.Un viaje a la Amazonía profunda donde presente y pasado, civilización moderna y sabiduria ancestral luchan por sobrevivir unas e imponerse otras, siempre con el ojo vigilante de la vida salvaje y desconocida que los rodea.
Fue como volver a casa después de largo tiempo. Allí me esperaban los indios shuar, famosos reductores de cabezas y los jíbaros corrompidos por el alcohol del hombre blanco, la ayahuasca y su poder estimulante sobre la mente y las serpientes y tigrillos que me hicieron recordar miedos eternos.
No leía novela sudamericana desde García Márquez y Vargas Llosa. Ahora me doy cuenta de lo mucho que echaba de menos sus dichos y expresiones y su manera de ver la vida, tan cercana y lejana a la vez de la nuestra. Puede que me anime a volver por aquellas tierras tan misteriosas y encantadoras, eso sí, siempre acompañado de un traguito de Frontera. Y por supuesto compartirlo con Mrs. Gibson por su gran recomendación ;-).







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