Sabino Méndez, compositor de algunas de las canciones que marcaron mi juventud y me dirigieron hacia ese universo que llamamos Rock, recorre cincuenta años de historia de música con este apellido. De 1954 a 2004 va desgranando el significado de esta palabra a través de los nombres propios que la fueron moldeando año tras año, deteniéndose en algunos a los que tuvo el placer o el deber de tratar en primera persona. Así nos cuenta anécdotas que le ocurrieron en compañía de Jerry Lee Lewis, Chuck Berry, Van Morrison o los Stray Cats.
Ameno y didáctico, aprovecha su andadura por esa loca cincuentena para intentar explicar algún raro porqué de difícil comprensión, bajo el punto de vista de la psicología. Me quedo con sus interpretaciones de la tristeza y la felicidad y sobre todo de la soledad.
Sabino fue para mí un nombre ligado siempre al de Loquillo, al que puse cara hace bien poco. Era un personaje enigmático que desapareció durante mucho tiempo con un aura de misterio para reaparecer por fin rehabilitado desde el mundo de los muertos. Podríamos decir que es un resucitado que tuvo la suerte de encontrar el camino de vuelta desde donde tantos otros se quedaron. Espero que siga escribiendo y contándonos más cosas relacionadas con el mundo de la música que tuvo la suerte o la desgracia de vivir de primera mano.







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