Para ser breve con esta reseña, sólo decir que contiene unos dibujos impecables y un guión estupendo. La historia gira y cambia de posición en varias ocasiones y maneja el bien y el mal con maestría. Aquí encontrarás nobles caballeros, malvados magos, traidores, criaturas desconocidas, profecias, batallas, leyendas y secretos; todo ello repartido por la isla de Eruin Dulea, donde la sangre se mezcla en los campos de batalla y en los lechos de los nobles.
Y es que aquí los malos son malos de verdad y la vida no tiene precio, nadie está seguro porque las fuerzas del mal acechan en todo momento. Por suerte también hay seguidores del bien, como los Guerreros del Perdón y una larga estirpe de familias que añoran los tiempos antiguos, aquellos que canta la Balada de las Landas Perdidas.
Me quedo por su originalidad con una criatura llamada Ouki, ya que este es el sonido que emite. Mezcla entre Idefix, el perro de Obelix, y una rata, es muy aficionado a robar comida y beber buen vino entre otras cosas, capaz de ser el más cariñoso o el más fiero, y dicen los que lo han probado que su carne es deliciosa.
Había oído hablar de Rosinski por la serie Thorgal, y tras haber acabado con las Landas (aunque creo que la historia continúa), ya está en mi punto de mira para futuros festines literarios.








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