Sorpresón que me llevé el otro día cuando llaman al timbre y a la voz de ¡Paquete para Mr. Gibson! me traen un regalito. Mientras el repartidor subía a casa mi mente fabulaba con múltiples posibilidades: será un libro, una flor, una factura del banco...
¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Era una expléndida y llena hasta los topes caja de cerveza Duff, la bebida preferida de mi alma gemela Homer Simpson; cortesía de mi querida hermana a la que desde aquí doy publicamente las gracias y la animo (a ella y a todos los visitantes del blog) a repetir semejante obra de caridad.
Y sabéis qué es lo mejor de todo, que todavía me queda la parte de la degustación, para lo cual dos de ellas ya están cogiendo temperatura en el frigorífico esperando turno para deleitar mis sentidos. Otras dos ya han partido como presente y pronto otras lo harán, así que si algun@ tiene intención de catarlas que se pase por estos lares que con mucho gusto será invitado a degustar una refrescante Duffy.
Dense prisa que me las quitan de las manos, como diría aquel...








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