Hoy combinamos dos de nuestras aficiones, la historia y la cerveza. Recordamos al gotoso Emperador Carlos V, cuando ya cansado de reinar en buena parte del mundo, decidió retirarse al Monasterio de Yuste para vivir en paz y tranquilidad sus últimos días. Y parece ser que tuvo una gran idea para disfrutar de su retiro, ya que se trajo de Flandes la receta y los maestros necesarios para fabricar cerveza en tierras extremeñas. Y nosotros, quinientos años después, podemos ponernos a la altura de nada menos que un emperador con esta variedad cervecera.
Ya el envase nos transporta en cierta medida a épocas pasadas, con sus etiquetas apergaminadas y su copa griálica. Al servirla disfrutamos de su color tostado oscuro, de un olor discreto pero de un sabor intenso y duradero. Un sabor combinado de amargor y dulzor con tintes de caramelo o regaliz, y es que como leemos en la etiqueta, lleva azúcar líquido añadido. De carbónico agradable y espuma efímera, su 6,5% de alcohol se sube fácil y con rapidez a la cabeza, pero de forma agradable y placentera.Ya conocíamos desde hace tiempo esta cerveza, considerada la primera cerveza de abadía española, y ha sido grato recordarla para reflejar nuestras sensaciones en el blog. Queda marcada a fuego como una de nuestras favoritas.











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