Queda saldada una cuenta pendiente que tenía desde hace bastante tiempo y que había quedado olvidada en un rincón de la agenda. Desde que Lobo Eléctrico me recomendó el libro hasta que la excelente reseña de Adalides me la devolvió a la memoria ha pasado un largo trecho que ha culminado satisfactoriamente en los tres últimos días.
Porque su lectura sólo me ha llevado tres días, o más bien tres noches. De hecho, volvía cada noche a la inhóspita carretera no por masoquismo, sino quizás buscando una excusa para ver con mejores ojos la realidad que nos ha tocado vivir y darme cuenta de que todo puede ser peor.
El mundo alrededor de la carretera es frío, húmedo, oscuro y cubierto de ceniza. Se pasa hambre y se tiene miedo y hay que aprovechar la poca luz que queda para buscar alimento y esconderse del peligro para eludir la muerte o llamarla a través de un posible suicidio. La condición humana queda al descubierto mientras viajamos al sur sin mucha esperanza, mostrando aspectos tan contrarios como la crueldad o la caridad, la autodestrucción o la compasión. Nos preguntamos si Dios nos abandonó o es que simplemente nunca estuvo, olvidando el pasado para no sufrir más en el presente, bajando escalones en la pirámide de Maslow para mantener a flote las necesidades más básicas.
Mi condición de padre sin duda ha ayudado a empatizar al máximo con los protagonistas, poniéndome en su pellejo más de una vez y alegrándome de que sólo fuera en esta ficción. Las frases cortas de McCarthy son disparos directos al alma, y su encadenamiento a través de numerosas íes griegas da un ritmo trepidante a la narración tanto para bajar a los abismos como para subir a los cielos. Devorando los diálogos cortos y lúgubres entre padre e hijo, buscando respuestas donde no las hay, pero siempre de acuerdo en seguir adelante cueste lo que cueste.
Un pequeño gran libro plagado de frases y sentencias para enmarcar, donde me esperaba pasarlo mal y lo he pasado muy bien. Un afortunado primer contacto con la obra de McCarthy y que os aseguro que no será el último.








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