Tuesday, November 6, 2012

El Hobbit de J. R. R. Tolkien ilustrado por Alan Lee.

“En un agujero en el suelo, vivía un hobbit”

Más o menos doce años han pasado desde que leyera por primera vez el Hobbit, y no ha venido mal el repaso de cara al próximo estreno de la película (o películas) basada en él, ya que aunque recordaba algunos episodios, había olvidado otras partes tan importantes como el final de esta historia de una ida y una vuelta. La verdad es que me apetecía leerlo de nuevo, pese a no ser hombre de relecturas, y ha sido curiosa la atracción que el libro ha ejercido sobre mí durante el tiempo previo a su lectura. Estaba encima de una mesa y cada vez que veía su portada con el dragón Smaug dormitando sobre una montaña de oro aumentaban mis ganas de abrirlo y ponerme a leer, lo cual hice lo antes que pude. Al tratarse de una obra tan famosa y tan leída, ésta vez voy a ser menos cuidadoso en la reseña y quizás se me escape algún detalle de la trama, así que bueno es avisarlo por si las moscas.
Como precuela que es del Señor de los Anillos, no tiene ya el mismo significado para mí que tuvo en su primera lectura antes de conocer toda la historia del anillo y demás. Los hobbits, el mago Gandalf o Gollum son ya archiconocidos y no me resultan tan atrayentes como en un principio lo fueron. La forma de la narración es en forma de cuento, con continuas llamadas al lector, y con una inocencia que sin embargo se va perdiendo según avanza la historia y las cosas se ponen más serias. Quiero entrever que el propósito inicial de Tolkien de escribir un cuento para sus hijos, poco a poco fue creciendo y convirtiéndose en realidad en una historia para adultos que tendría su colofón en la trilogía del anillo. Si vale la comparación, el Hobbit es la etapa infantil de la gran historia que llegaría a ser en su madurez.
Y en cuanto a la historia, me maravilla el papel tan importante que tiene la comida en la narración, sobre todo para Bilbo Bolsón, el acomodado hobbit que no perdona una comida al día, y que incluso disfruta repitiendo en su acogedor agujero. Pero el destino tenía una misión para él: un anillo debía salir a la luz del fondo húmedo de una montaña, así que Gandalf el mago y trece enanos vinieron a sacarlo de su hogar con la promesa de un suculento botín de oro y piedras preciosas. Un viaje iniciático donde al principio siempre será Gandalf quien saque las castañas del fuego, pero que luego cederá el protagonismo a Bilbo y al anillo, indiscutible líder hasta el final. Porque los enanos son bastante retorcidos y remolones, y si pueden escaquearse de algo ten por seguro que lo harán, excepto de llenarse los bolsillos de oro o ponerse a picar piedra, cosa que hacen muy bien, al igual que su buen gusto por la música y las canciones.
Y ahora viene la segunda cuestión importante de este libro y tan aplicable al tiempo presente: el dragón Smaug vigilando el tesoro del que se apropió fraudulentamente, y los enanos luchando por recuperar lo que fue suyo, con la avaricia en sus ojos y en la de los humanos como el Gobernador de Esgaroth y que trágicamente acabaría en guerra, muerte y desgracia. Como digo, más o menos como hoy en día. Más vale que hagamos caso a las palabras que dice el enano Thorin en su lecho de muerte: “Si muchos de nosotros dieran más valor a la comida, la alegría y las canciones que al oro atesorado, éste sería un mundo más feliz.”
Iba a entretenerme más tiempo hablando del viaje, de los enemigos y los escenarios de esta road movieal estilo medieval, pero a lo mejor me pongo redundante. Destacaré que he querido leer la misma edición que leí en su momento, la ilustrada por Alan Lee y que tanto me gustó y me ha gustado de nuevo, con sus láminas a todo color y sus pequeños dibujos en blanco y negro entre el texto. Como curiosidad, una cuestión que desconocía y que no es otra que las posibles inspiraciones de George R. R. Martín en el texto, donde aparecen los lobos wargos y el personaje de Beorn, un cambiapieles en toda regla.
La próxima navidad estrenan la primera película basada en el libro, y que me parece que al final serán tres. No sé como dividirán la obra en tres partes ni si les dará suficiente para hacer la trilogía. Supongo que sacarán provecho de los detalles o de otras historias que quedan en un segundo plano en el libro, como los asuntos privados por los que se ausenta Gandalf de gran parte del viaje, pero esto ya es otro asunto que en un par de meses descubriremos, así que sentémonos a esperar tranquilamente y el que fume que haga anillos de humo para entretenernos.

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