Ha vuelto a pasar. Los chotacabras revolotean y chillan sin cesar sobre mi casa. De nuevo las páginas prohibidas del Necronomicón han sido leídas. Ojos profanos e irresponsables han invocado a las criaturas que deberían seguir dormidas durante eones. Y yo vuelvo a tener pesadillas...
Las lecturas de Lovecraft estimulan mi mente de una manera sobrecogedora. A través de sueños despiertan en mí creencias remotas de abominables entes que poblaron la tierra antes que nosotros los humanos y quizás por esta razón les pertenece. A lo mejor tienen razón y sólo somos unos invasores temporales que seremos borrados del mapa cuando llegue el momento oportuno y los primordiales vuelvan a tomar lo que es suyo. Ya me han visitado los hombres-pez y no son nada agradables, y mucho menos lo son las flautas que entonan melodías oníricas que me atraen sin cesar hacia el abismo.
No puedo decir que los dibujos de Breccia sean atractivos a la vista, aunque tampoco es el lugar apropiado para recrearnos con imágenes preciosistas. El universo Lovecraft es terrible y así debe ser reflejado. En un blanco y negro de altisimo contraste, lo real se muestra claro y conciso y lo extraño y fatal diluído y amorfo. Breccia consigue alterar nuestra conciencia acompañando a la salmodia de los textos lovecraftianos con negras siluetas, acuarelas diluídas y distintos tipos de collage. Incluyendo fotografías de ciudades y lugares sobre los que dibuja a los personajes principales o recortando formas cuadrangulares para mostrar pasadizos sin fin y laberintos de donde será muy difícil salir con vida o con la cordura indemne.
Pero no todo es terrible para los que se aventuran en estos mundos. Tanta pesadilla y mente sobreestimulada da también sus buenos frutos en forma de inspiración. En este caso dos posibles historias que tengo ya cuidadosamente anotadas en mi libreta de ideas para desarrollar. Esperemos que no tengan que pasar eones para que crezcan y se desarrollen con éxito.









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